La lectura por la lectura misma

Adquirir algunos hábitos es tan rápido y fácil, que algunas personas ni siquiera registran que han requerido un aprendizaje previo, son ejemplos de esto la adquisición del hábito de fumar o el hábito de manejar.
No ocurre lo mismo con el hábito de la lectura, pensando en el hábito como una conducta que requiere inicialmente de un aprendizaje, para mecanizarse con posterioridad.

Si bien cuando uno aprende a leer este aprendizaje puede convertirse en hábito, no es así en todos los casos; ocurre que el proceso de adquisición e internalización de la lectura es tan complejo que algunas personas nunca llegan a hacer del mismo un hábito.

Comentarios que tratan de fundamentar esta falencia son los que abundan, algunos escuchados por parte de los padres de niños o adolescentes en edad escolar: “La escuela no exige lectura “, ”Los libros de lectura que exige la escuela son aburridos“, ”Las lecturas no coinciden con los intereses de los alumnos”, etc.
También algunos docentes realizan comentarios en relación a esta temática: “La televisión y la computadora colaboran con la falta de interés de los alumnos hacia la lectura“, “En EGB pasan de año sin aprender a leer y no hay repitencias cuando las debería”, ”En Polimodal no se les puede enseñar a leer, hay otras prioridades” , y así podría seguir enumerando.

Los comentarios citados anteriormente contienen parte de verdad y tienen cierto fundamento, igualmente creo que no es adecuado generalizar, o utilizar los mismos como justificación de la inacción, ya que generar el hábito de leer es un trabajo que compromete a muchos de los referentes adultos que los estudiantes tienen a su alrededor, y hay diferentes razones por las que los estudiantes tienen dificultades para hacerlo.

Es necesario conocer los factores que desde lo individual y desde el entorno influyen en la adquisición de la lectura. Para ello me parece importante aclarar que el lector se enfrenta a una serie de símbolos gráficos que debe percibir e identificar, en ese acto se ponen en movimiento diferentes procesos como son:

  • el de decodificación
  • el de codificación
  • el de comprensión: permite interpretar lo que se lee y transformarlo.

Es un proceso activo en el que se debe construir el propio significado de esa lectura, por lo tanto también es un proceso afectivo.

Stella Maris Ceccoli
Licenciada en Psicopedagogía

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